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Serie: humanos e inteligencia artificial

Internet antes y después de poder fingir ser humano

Publicado el 9 de septiembre de 2026 · 7 min de lectura

Es útil, de vez en cuando, mirar hacia atrás y trazar una línea de tiempo, no de fechas exactas ni de nombres de productos, sino de cómo cambió la sensación de estar en internet a medida que cambió la facilidad de fingir presencia humana a gran escala.

La primera etapa: internet como conversación pequeña

En sus primeros años, gran parte de internet se sentía como una serie de conversaciones pequeñas: foros, salas de chat, listas de correo. La cantidad de personas conectadas al mismo tiempo era relativamente baja, y producir contenido (aunque fuera un simple mensaje) requería estar ahí, escribiendo, en ese momento.

En esa etapa, la posibilidad de que un mensaje no viniera de una persona real era casi anecdótica. Existían programas simples que imitaban conversación, pero eran fáciles de detectar y no representaban una porción significativa de la actividad general.

La segunda etapa: la escala cambia la naturaleza del problema

Con la llegada de las redes sociales masivas y los sistemas capaces de automatizar publicaciones, comentarios e interacciones a gran escala, apareció un fenómeno nuevo: cuentas automatizadas, granjas de contenido, actividad coordinada diseñada para parecer espontánea y humana sin serlo.

En esta etapa, la pregunta 'esto, ¿lo escribió una persona?' empezó a tener sentido por primera vez de forma cotidiana, aunque todavía limitada a ciertos contextos: publicidad, manipulación de tendencias, spam. La mayoría del contenido con el que interactuábamos día a día seguía siendo, de forma razonablemente confiable, humano.

La tercera etapa: cuando la calidad alcanzó a la escala

La etapa en la que estamos ahora combina dos cosas que antes no coincidían: la capacidad de producir contenido a gran escala (heredada de la etapa anterior) con una calidad y coherencia que antes solo lograba una persona dedicando tiempo real a esa tarea.

Esa combinación es la que cambia todo. Ya no hablamos solo de spam fácil de identificar, sino de textos, imágenes, voces y videos que, sin ayuda adicional, pueden ser indistinguibles de una producción humana genuina para la mayoría de las personas en la mayoría de los contextos.

Qué se mantiene igual, a pesar de todo

A pesar de estos cambios enormes, hay algo que se mantiene notablemente estable: el deseo humano de hablar con otra persona, de sentirse escuchado, de compartir una experiencia con alguien que también la vivió o que al menos está genuinamente presente para escucharla. Ese deseo no cambió con la tecnología; si acaso, se hizo más visible por contraste.

Quizás esa sea la lección más importante de este breve recorrido histórico: la tecnología cambia radicalmente lo que es posible fabricar, pero no cambia, al menos no todavía, lo que las personas seguimos necesitando sentir cuando hablamos con alguien más.

Este ensayo forma parte de la misma idea que explicamos, más extensamente, en nuestro manifiesto.

¿Quieres ver esto en práctica?Entra a la conversación en vivo del sitio y habla con quien esté conectado ahora mismo, sin necesidad de crear una cuenta.

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